Entre calles / I de IV

              […] Solemos hacerlo [escribimos] desde la rabia que provoca la injusticia, el abuso del poder, la corrupción, el miedo, la doble moral mojigata de aquellos que bendicen con la mano derecha y se masturban con la izquierda.

              Paco Ignacio Taibo II / Escribimos

Cada nuevo año que nos toca vivir, esperamos. Algo, un cambio, una nueva vida, una manera insospechada de ver las cosas, un cambio en la casa, en las calles, en la ciudad, el estado y el país. Cada año nuevo, la esperanza se renueva y transcurrimos el primer mes con esa certeza de que “éste sí es nuestro año”; “este año las cosas sí van a cambiar” y vemos en una especie de pasmo, pasar las horas y los días en compañía de nuestros sueños, nuestros anhelos.

Pero no. No pasa nada que nos diga, que nos indique que nuestras esperanzas, nuestra espera, se verán recompensadas, la calle sigue igual, “entre azul y buenas noches”. La casa, si acaso ponemos un esfuerzo que va más allá de todo propósito de año nuevo, nos da bienaventuranza, nos da optimismo y una voz (o voces), de ánimo y cariño.

Pero lo que es “afuera”, nada cambia. Si acaso, los colores con los que por tres años, miramos las obras del municipio; el “dibujito” que se ponía en todas partes al menor descuido y bajo cualquier pretexto. Si acaso cambia algo es el color de las patrullas (y tal vez ni eso), las caras que aparecerán en los periódicos. Cambiarán las voces del presidente municipal (del que habremos olvidado, después de tantos años, sus andanzas estudiantiles y se perdonarán como tales, como chapuzadas estudiantiles) y de sus colaboradores. Cambiarán las caras en las reuniones del DIF municipal, de la primera dama de la ciudad y tal vez, las caras en los despachos más importantes del ayuntamiento.

No serán lo mismo, estas calles nuestras con radares vigilantes, con multas informatizadas y computarizadas que no pagarán nunca los más y los menos, se quedarán como el chinito, “nomás milando”.

No serán los mismos nuestros trayectos por la ciudad, porque ahora caminaremos más o pagaremos más y seguiremos cobrando en el trabajo lo mismo, porque ya sabemos que todo sube, menos nuestro salario.

Bajará, eso sí, el gas, la gasolina estará en el mismo precio, pero mientras tanto, cada día de mercado nos costará cinco, diez, cincuenta pesos más y eso, como los palos y lo bailado, no hay quien nos lo quite.

Cambiarán, sí, muchas, muchísimas cosas y eso parecería una contradicción, pero, por alguna magia, por algún portento que nunca acabaremos nunca de dilucidar por completo, seguiremos viendo la misma miseria que el año anterior (dicen que más, los que saben de números macroeconómicos) y seguiremos viendo la misma, agobiante y ardua labor de cada día, de amas de casa, de padres de familia, de niños, jóvenes y viejos, por vivir lo mejor que se pueda en las condiciones que mejor se pueda. Por lo menos,

“No estar más jodidos que al año anterior, ¿no?”

“’Mejor’ no es la palabra, ¿ve? Tal vez, ‘estar’, así, nomás.”

Y por esa misma magia por la que nada cambia aunque muchas cosas cambien, seguiremos escuchando de planes y de éxitos. Y algunos se sentirán tranquilos y contentos y celebrarán que hacia la mitad del año, volvamos a ver surgir a toda esa “maquinaria” electoral a la que nos tienen acostumbrados año con año en el estado. Volveremos a sufrir la pinta de bardas, el abarrotamiento de espacios con cartelitos inútiles donde lo que prometerán, será lo mismo de siempre: “más para ti y tu familia”, “un mejor Hidalgo para tus hijos” y así, ad nauseam. Porque sabremos de antemano que nada de eso se cumplirá porque “nadie es culpable de la crisis”, “nadie está a salvo de la crisis”, aunque sigamos viendo riqueza a raudales en los mismos de siempre.

“Pues si a mí me dieran el salario de Osorio, tampoco me quejaría, ¿no?”

“¿Y qué paga el gober? ¡Nada! Y encima, le pagamos salario… bueno, se le paga, porque como ya no tengo trabajo, pues no coopero con el fisco, ¿no?”

“¿Y qué sufren los ricos? ¡Nada! Despiden a los trabajadores y listo. Ya está corregido. Ellos no se preocupan, seguirán siendo ricos, porque a ellos sí los ayuda el gobierno, ¿no? Y a mí, ¡quién me ayuda! No hay plan de contingencia para desempleados de más de cincuenta, ¿verdad?”

Y seguiremos pues, igual, con los mismos rencores de siempre, pero más añejos, más recalcitrantes. Porque no hay nada que alivie todo eso. En la ciudad de los vientos, la cruda moral de años de mal gobierno, le hace a “la clase política”, lo que el viento a Juárez.

Entre las calles de esta nuestra adolorida ciudad, la vida seguirá igual que siempre y no va a ver poder humano que lo cambie. Veremos lo mismo de siempre y seguiremos igual que siempre. Nada hay nuevo bajo el sol, pero, en este mundo de paradojas, hay mucho más que no conocemos y que se instala en esta realidad que no cambia.

Entre calles, seguiremos viviendo. No nos queda de otra.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *