San Francisco dándose de topes

-¡Pinche viejo pendejo!
El grito es terrible, sulfuroso, malaleche y malamadre, pero se pierde entre el escándalo que nos rodea a todos:
– …Le pongo otro, y otro más… mire madre, otra olla más y deme cien pesos… ¿quién me da cien pesos?…
– ¡Lleve, llévelas!; sus plantitas en maceta de rana, para la buena fortuna… ¡Llévelas!
– Pase joven, pase… tenemos de marca original y de “simi”, pase…

Por eso es que el grito de la mujer da a un tipo maduro, de mirada torva y pantalones deslavados, que al parecer le ha agarrado el trasero (de no malos bigotes, por cierto), se pierde entre el ruido atronador de decenas, cientos, miles de voces de tonos y volúmenes tan diversos, que semeja una moderna Babel.
Y cuando menos lo espera nadie, el tipo de mirada torva y pantalones deslavados cae fulminado por magia de un derechazo inclemente de otro hombre, que lo mira con ganas de matarle a golpes.
-¡Hijo de la chingada!
Alcanzo a ver a la mujer que corre hacia donde cayó el abusador, veo que ella y él, propinan patadas a algún bulto en el suelo, pero la gente que empuja hacia el paseillo obligado por el derredor del parque Hidalgo, me impide ser el voyeur de una santa madrina vengadora.
Sigo viendo los puestos de venta: plantas, ropa, enseres domésticos, comida de todo tipo, incluyendo pizzas y hamburguesas…
Entonces llego a un embudo: la caminata se hace cada vez más lenta. Caminamos a paso de tortuga. Somos como vacas enmatadero y me imagino a un omnipotente matancero, al final del pasillo, dando un golpe seco en mi nuca y mandando mi cuerpo a un destazador…
Veo a lo lejos, una efigie de San Francisco, con su pajarito al hombro, su lobo a los piés y un cordero al otro lado. Lo cargan cuatro fornidos mozuelos de espesa cabellera cortada a lo “mohicano”, que van muy serios, pero con caras de apuro. Cuando estoy a dos metros de ellos, en el cielo, comienzan a tronar los juegos pirotécnicos, luces multicolores, gente con un “ahhhh” que se levanta como ola.
Los mozalbetes, furfullan un “chingao” y tratan de pasar rápidamente, pero esa es una tarea imposible. Empujan un poco, pero se equivocan: una señora con bebé a los brazos va un poco adelante y parece caer, se repone, pero su marido se enoja. Voltea furibundo y a empujones, se encamina a los mozuelos que lo ven llegar con cara de espanto; la distancia y el ruido me impiden escuchar la pequeña discusión. Un empujón a uno de los cargadores de Sanfrancisco, lo hace trastabillar. La imagen se balancea peligrosamente y San Francisco cae de cabeza hasta el piso. Dándose topes, rueda con animalitos y ropa. Queda semidesnudo y roto a los pies de la señora con el bebé en brazos.
Veo como lloran los mozalbetes. Veo como llora la señora.

2 comentarios en “San Francisco dándose de topes

  1. Carnalito de mi corazón, con esas arias, ni modo que no siga. Muchas gracias por leer mis desvaríos. Te quiero harto. Hartos besos también, para mi Sofía y un poco menos para su madre. Cuídate mucho para que las puedas cuidar a ellas.

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