Filiberto, el incomprendido

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El Nombre de Filiberto Hernández Monzalvo, ya se encuentra inscrito en oro, sobre la cortina de la Historia (sí con Alta) y remachado con las filigranas de las gracias masculinas en la memoria de la sociedad y las generaciones por venir.

Epítetos, adjetivaciones sin sentido y defenestraciones absurdas, es lo que ha tenido que sufrir el genio visionario de un hombre que ha buscado el desarrollo, poco heterodoxo a decir verdad, de la tierra que lo vio nacer.

Inoportunas mujeres y hombres envidiosos, ha pretendido manchar su buen nombre y su humilde pero honrosa cuna, pero la historia, ajustará cuentas cuando llegue el momento.

Dicen los malintencionados, los de lengua bífida que abundan, no les quepa la menor duda, que no hace falta tener las cualidades de Sherlock Holmes, para ver que las calles, avenidas y caminos vecinales del municipio de Mineral de la Reforma, en Hidalgo, parecen zona de guerra, territorios con posible declaratoria de desastre natural, lugares donde una bicicleta puede perder la redondez de sus curvas inferiores o parajes listos para quebrantar los huesos de damas y caballeros en justas deportivas; que existen hoyancos con diámetros de hasta tres metros o más, donde se abren, insomnes, los mal llamados “baches”, los insondables abismos en donde la lluvia crea lagos y aún mares.

Y claro, estas impías almas y peores cuerpos apisonados, le recuerdan a Filiberto, de manera procaz y poco sensata, el 10 de mayo o peor aún, le recuerdan lo poco agraciada que es su progenitura y su descendencia: es decir, todo su linaje.

Pobre, pobre Filiberto que no atina a saber por qué el enojo, por qué la rabia. Y compréndalo, compréndalo un poco siquiera:

Trabajó duramente el área de El Turismo, y no “del turismo”, así como si cualquier cosa. No señoras y señores. Trabajó para que el municipio que tan noblemente dirigió, fuera el destino de un Gran Turismo: el de los deportes extremos internacionales. Sí, así es. ¡¿Ustedes pensaban que esos hoyancos, esas dífíciles calles llenas de chipotes del tamaño del cielo, eran sólo “errores”, despropósitos de algún mal ingeniero vial?! ¡Pobres ilusos!

Esos territorios “con posible declaratoria de desastre natural”, no son otra cosa que segmentos de ¡entrenamiento para el Rally París – Dakar! ¡Sí, señoras pudendas y señores levíticos! Por enésima vez no tienen alcance en sus miras, ni horizontes en sus miopes ojos. Más pronto que tarde, el municipio será conocido como campo de entrenamiento de jeques, millonarios, actores de renombre, empresarios de éxito, que dejarán sin duda alguna, derramas económicas que convertirán a esa demarcación tan molesta, en gente rica y pudiente.

¿Lo pueden ver? Filiberto, el pobre Fili, ha sido incomprendido por la turbamulta que desde ya, exige para él una temporada en el infierno y no precisamente, en el infierno de Rimbaud.

Pero como decíamos arriba, el Nombre de Filiberto Hernández Monzalvo, ya se encuentra inscrito en oro, sobre la cortina de la Historia.

Buenas noches.

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