De gasolinazos y otras inquietudes

¿Cómo no estar enojados por el gasolinazo? ¿Existen decenas, cientos, quizá miles de razones para estar enojados con el Gobierno? Sí, claro. Nadie lo podría negar. Pero el gasolinazo llega a nosotros, justamente por la corrupción:
Decenas de años se protegió con el manto de la corrupción y el compadrazgo, a uno de los sindicatos más oscuros de México: el de los petroleros. De esa misma corrupción, se nutrió la “política” de dejar a Pemex sin flujo de dinero para modernizarlo (de ahí la siniestra costumbre de “absorber” todas las entradas de efectivo de la paraestatal e inyectarlas a una economía deficiente) y dejar morir lentamente a las refinerías —y no aumentar su capacidad— desaparecer el inminente (y referencia internacional en el ramo) Instituto Mexicano del Petróleo. De la corrupción, se nutrieron cientos de empresas de “trabajadores” y “políticos” que cobraron a Pemex, millones de dólares por servicios e infraestructura deficientes. El cinismo, por ejemplo, de Oceánica y decenas más de “empresas” cuyos dueños han quedado sin castigo y con miles de millones de dólares en sus bolsillos, nadie habla y todos saben que quedarán impunes hasta que alguien se atreva a hacer algo en contra de ellos. Desde aquel tristemente célebre texto de “acostumbrarnos a administrar la abundancia”, hasta la mascarada de la “nueva refinería” que quedó en el aire, Pemex ha pasado a ser una ruina y un remedo de lo que fue y pudo haber sido.

El gasolinazo llega a nosotros, justamente por la indiferencia y el cinismo de la “clase política”, que unos años atrás aprobó una Reforma Energética, sin apenas leerla o entenderla. Y si se leyó y se entendió, no se comprende ahora por qué se rasgan las vestiduras el PAN, el PRD o cualquiera de los partidos políticos, que por comisión u omisión, dejaron llano el camino de su aprobación y puesta en marcha.

El gasolinazo llega a nosotros por esa “clase política” de duartes y entes afines, que se han dedicado, o al enriquecimiento ilícito o al derroche presupuestal. Cosa que no tendremos clara, si se sigue encubriendo o investigando falazmente.

Seguimos en esta crisis porque no nos atrevemos a llamar devaluación a la “depreciación” de la moneda; no nos atrevemos a investigar y recuperar el dinero perdido por los constantes desfalcos a la nación. Seguimos así porque mientras los salarios son competitivos entre más bajos son, los precios son más competitivos si están al nivel de EUA.

El gasolinazo no es una ecuación simple. El sólo gasto en imagen del presidente, podría paliar al menos, por un año, el déficit de efectivo de la nación. Y sí, claro que los actos de vandalismo son indignantes y merecen el castigo de la Ley, lo mismo que los desfalcos al patrimonio de la nación deberían ser punibles, realmente.

Pero siguen los necios, hablando de que hay que ponernos a trabajar, como si alguna vez hubiera habido, realmente, una huelga general, como si todos los días, los mexicanos no hiciéramos otra cosa que esperar dádivas. Como si los mexicanos no hiciéramos más que estirar la mano, como si nos levantáramos por millones, cada día, a trabajar en serio, a partirnos los brazos, las piernas, el cuerpo completo, en trabajos dignos, honrados y productivos, recibiendo sueldos de miseria (la mayoría).

No se equivoquen, ciertamente las culpas están repartidas en San Lázaro, Los Pinos y la Suprema Corte de la Nación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *