Desestabilización y protesta social

La protesta social es, sin duda alguna, un recurso que sirve más a las clases sociales que no tienen mecanismos de acuerdo con los poderes políticos y económicos de la sociedad en su conjunto.

La protesta es el último recurso, después de agotados los diálogos, las propuestas y cuando los desencuentros son los suficientes para dar el asunto por superado, en primera instancia.

Claro, muchas y muchos sabemos, intuimos o escuchamos que muchas de las protestas que a diario se hacen en el país, tienen “un tinte político”. El problema no es este; necesariamente, todas las protestas tienen un tinte político, en tanto se trata de una lucha de poder o de espacios de poder. Pero a lo que se refiere, en muchos ámbitos, el “tiente político”, es a un problema con derivaciones partidistas. Y eso sucede muchas veces, otras, es sólo un “berrinche” colectivo, un enojo tumultuario.

Así sucede en estas fechas con la FOIDEH (Federación de Organizaciones Independientes del Estado de Hidalgo), dirigida por Óscar Pelcastre “El Perro”, en una compleja red de política, religión y movimiento de masas.

Óscar Pelcastre "El Perro"
Óscar Pelcastre “El Perro” | Foto http://www.criteriohidalgo.com/

Dirigente del culto a la Santa Muerte en Hidalgo, Pelcastre, abandera a cientos de comerciantes ambulantes que por años, han actuado como fuerza de choque y que por momentos, salen de las oscuridades del anonimato, para “exigir” prebendas y donde la palabra del líder (que poco o nada sabe de democracia y donde sus seguidores, adeptos y/o agremiados, les interesa poco el concepto y menos aún la práctica democrática), es ley y se obedece contra todo.

En estos días, “exigen” un predio para establecerse y dejar “limpio” el primer cuadro de la capital de Hidalgo (Pachuca). Esto, resultado de las políticas urbanas de la Presidenta Municipal, Yolanda Tellería, que desea ver estas calles, como si fueran parte de París, Berlín u Orlando, como si hubiera un exceso de puestos de trabajo, como si hubiera una bonanza económica en la entidad, como si fuera posible, pues, dejar de tener comerciantes ambulantes, en una ciudad como la nuestra.

Tellería, llegada desde las filas de la oposición, necesita triunfos políticos, económicos y sociales, que justifiquen ante sus electores, el acierto de haberle elegido el año pasado, para administrar una ciudad que, como toda ciudad, es compleja y multifacética.

Pelcastre, de abierta filiación al partido en el poder, necesita demostrar que puede ser un interlocutor político con fuerza y un líder que “consigue” bienestar para su grupo de adeptos y seguidores.

Los dos bandos de esta disputa, están rodeados de grupúsculos más o menos fieles, más o menos dispuestos a una batalla social y jurídica, para conseguir sus fines, objetivados casi con las mismas palabras: mejorar la calidad de vida de las personas.

El enfrentamiento entre uno y otro bando, demuestra en todo caso, la descomposición de las vías legales para dirimir diferencias y desnudan la poca o mucha fuerza social de ambos. Es un vis a vis para ganar legitimidad, en todo caso y para amedrentar al adversario, sacar raja social y política; establecer cotos de poder delineados y dejar en claro, por un lado, que lo social está por encima de la legalidad y que la legalidad, puede imponer absurdos por encima de la sociedad.

La marginalidad de “El Perro” Pelcastre, le da un amplio juego de golpes bajos sin mucho riesgo al perder (siempre se puede clamar por ventajas que no existen y aún, por venganzas futuras); aunado a lo anterior,  a la nula experiencia de Tellería en acuerdos cupulares y aún en administración pública; hacen un caldo de cultivo para enloquecer poco a poco, la vida pública de la capital y pueden dar vía franca, para una intervención estatal en la que Tellería perdería su capital político.

Veremos entonces moverse rápido a la Presidenta Municipal para imponer su visión, ayudada de la mucha o poco experiencia de su esposo, un destacado personaje de la política hidalguense, que también tiene cuentas pendientes y miradas futuristas que no pueden esconderse.

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