Miedo

Ciertamente, el miedo, más que la fe, mueve montañas. En México, somos bombardeados todos los días, casi a todas horas, con noticias reales o falsas, de asesinatos, de secuestros, de asaltos, violaciones, desapariciones, detenciones arbitrarias, extorsiones, gobernadores delincuentes, el gran “poder de fuego” del “narco” y un sin fin de variantes que hacen, en muchos casos, temer a la calle, al campo, a la casa, al vecino y a casi cualquier ser humano que salga de nuestra pequeña esfera de amistades.

Tenemos pues, angustia por un riesgo o daño real o imaginario. Es decir, tenemos miedo.

Por otro lado, los seres humanos, casi por necesidad, casi por herencia biológica, solemos hacer planes para el futuro. Algunos para mañana, otros para el siguiente mes o los siguientes años. Y en México, sabemos que es, también, casi imposible, porque mañana puede subir el dólar tan sólo por un tuit del estúpido de Donal Trump; sabemos también que mañana la inflación puede subir de manera brutal, porque al presidente y su fabuloso equipo de trabajo, les pareció buena idea subir la gasolina; entonces, ya no alcanzará para ahorrar para el viaje, para el carro, para la colegiatura de los niños, para seguir pagando la pequeña madriguera que llamamos casa. Sabemos o tememos, que mañana alguien nos tome por sorpresa, nos suba a un auto, y la familia tenga que conseguir una cantidad estúpida de dinero, con la esperanza de que no nos descuarticen (y sabemos, muy bien, que lo más probable es que paguen cuando nosotros estemos pudriéndonos en algún paraje perdido del país, en una fosa clandestina). Sabemos que nuestras hijas corren peligro todos los días en las calles de la ciudad, del pueblo, del rancho y, sabemos muy bien, que aún con nosotros al lado, correrían peligro de ser llevadas por una banda de estúpidos que las violarían y, en el mejor de los escenarios, las matarían, si no es que las venderían en un país remoto, para ser esclavas sexuales de quién sabe qué infamantes sujetos. Lo que es peor, sabemos que lo que imaginemos, se puede quedar corto ante la brutal realidad.

Es decir, adquirimos recelo o aprensión de que las cosas sucedan de manera distintas a como las imaginamos. Tenemos miedo.

Y curiosamente, el miedo crece conforme avanza el 2017 y, léanlo bien, aumentará en 2018. La estrategia es el miedo, la estrategia es tenernos encerrados por medios indirectos, convertirnos en nuestros propios carceleros.

Tampoco es que antes no tuviéramos miedo, sencillamente lo que sucede es que observamos “más” notas que nos dan miedo y como cualquier virus, nos fortalecemos, nos da menos miedo lo que ayer nos aterrorizaba y ahora, la dosis tiene que ser mayor y así, hasta límites inimaginables.

Y sí, es verdad; la pregunta es, ¿cómo sacudirnos el miedo? ¿Con rabia, con risa, con indiferencia?

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