Manuel

[…] el periodismo es una de las profesiones más exigentes de la sociedad moderna. Nadie debería permitirse ‘jugar al periodista’ porque hace un daño en diversas escalas a la comunidad. […] Esta no es una tarea que admita inconstancias ni actitudes caprichosas. Se trata en verdad de una forja que pone a prueba a veces la clase de reservas espirituales que tiene el individuo

Manuel se retiró de la oficina en Insurgentes y Reforma, Ciudad de México. Ya había terminado su columna para Excélsior y los 60 periódicos que lo leían. Era mayo, de modo que ya había pasado el celebrado 1, el esperado 10 de todas las rechiflas y el 15 de los festejos del magisterio, aquel de Jongitud; así que Manuel encaminó sus pasos hacia el café o hacia su casa.

Era un 30 de mayo, las calendas habían pasado y era un miércoles al que le faltaba menos de la mitad para convertirse en jueves.

Manuel fue hacia el estacionamiento y tal vez nunca vio al hombre, alto, fornido de corte y gorra militar; al vez sólo sintió el dolor en la espalda, en la nuca, cinco disparos arteros, cobardes; y cayó, pensando en que no vería publicada su “Red Privada”.

Después, los gritos, el susto, la motocicleta en donde lo esperaba Juan Rafael Moro Ávila, agente de la, afortunadamente extinta Dirección Federal de Seguridad (DFS). Del asesino material, el que jaló el gatillo, sabemos que murió tres días más tarde en Zacatecas, con 120 puñaladas que aseguraron el silencio y la saña de los que ocultan su crimen.

Juan Arévalo Gardoqui y José Antonio Zorrilla Pérez fueron nombrados en las investigaciones y al final, fue Zorrilla Pérez quien pagó, pero Raymundo Riva Palacio, haciendo eco de la vox populi, dijo que era un “chivo expiatorio” de un crimen de estado.

Desde el día de su muerte hasta hoy, Manuel sigue escribiendo la misma historia, de corrupción e impunidad, de narcopolítica, de injerencia, de hartazgo.

Manuel ha muerte desde entonces, en cada periodista amenazado, en cada mujer y hombre asesinado por decir lo que piensa, por tratar de decir la verdad; en cada activista masacrado.

Hoy lo recordamos.

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