De cinismo, enojo y rabia

“Por culpa de vuestro desconocimiento este país ha perdido quizá por siglos su libertad, ¿y vosotros gritáis que os sentís inocentes? ¿Cómo sois capaces de seguir presenciándolo? ¿Cómo es que no estáis aterrados? ¿Es que conserváis la vista? ¡Si tuvieseis ojos, deberíais atravesároslos y marcharos de Tebas!”

Milan Kundera / La insoportable levedad del ser

Más allá del EDOMEX, de Chihuahua, Nayarit y todos los resultados electorales que se piensan injustos (por decir lo menos); más allá de los cientos de horas (y dinero de contribuyentes) que se perderán en los tribunales electorales (que por otro lado serán quienes decidan las elecciones, dejando de lado “la voluntad electoral”); más allá de los programas de asistencia que son una especie de reclutamiento partidista; más allá de las declaraciones huecas del presidente Enrique Peña Nieto, cuando asesinan a periodistas (cuando “bien le va” a la memoria del periodista); más allá de las niñas y mujeres que a diario son violadas, golpeadas y asesinadas en el país; después de observar cómo se ha descompuesto México y cómo perdemos cada día más la seguridad que por derecho nunca deberíamos perder; después de los miles de desaparecidos, estudiantes o no; la rabia es la que persiste. El hartazgo, el cansancio y el cinismo.

La rabia, el enojo, el encabronamiento, nos viene desde hace mucho, mucho tiempo. El hartazgo, también va de la mano con el cansancio, la indolencia y la abulia. Persiste algún signo de rebeldía en la cotidianidad, en las pequeñas rabietas matutinas.

Sin embargo, el cinismo ha transitado diversas etapas, en un in cresendo vertiginoso, hasta alcanzar grados impensables incluso, en la etapa más dura del presidencialismo de los 70.

La primera acepción del DRAE, nos dice que cínico, es un adjetivo que se aplica a una persona que actúa con falsedad o desvergüenza descaradas.

Cierto es que todos tenemos más de un candidato a ser llamado cínico. Casi todos políticos de uno u otro partido (aunque con el ir y venir de ellos por todas las siglas, resulta asqueroso el incesto ideológico).

Sea el presidente y su gabinete; sean los dirigentes partidistas, sus diputados, senadores o representantes electorales, sean los jueces de toda laya y de todo nivel; la sociedad se enfrenta a su descomposición en vivo y en todo color. Como si una persona fuera capaz de ver pudrirse el cuerpo sin apenas parpadear.

Y contra todo pronóstico (tal vez, quienes lo saben bien, son los mismos cínicos de siempre), todos los mexicanos seguimos indolentes, sin levantar ni la voz ni las manos.

Esa rabia, ese encabronamiento, se apaga apenas nos damos cuenta de que la siguiente semana podríamos no tener dinero, no tener que llevar de comer a la casa. Mujeres u hombres, acallan su rabia y su enojo ante la mirada angustiante de los más pequeños con hambre.

Lo peor es que no se acaba el hambre, al contrario, crece cada día y nadie parece tener un idea clara de cómo disminuirlo; los que tal vez tengan respuesta, prefieren seguir acumulando cantidades ingentes de dinero, antes de acabar con la miseria de más del 50% de mexicanos.

El aparato de seguridad, no sirve sino como aparato de represión.

El de salud, sólo es un paliativo.

El de educación, como fábrica de mano de obra barata.

El horizonte oscuro.

Y muchos cerramos los ojos.

Fotografía: centro público

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *