No basta ser guapo

Hasta 2011, el producto llamado Enrique Peña Nieto, no se había planteado que necesitara algo más que ser asesorado por los gurús de Atlacomulco, simpático, casado con una actriz popular del consorcio que le dio alas (Televisa) y sobre todo, más allá, ser guapo.

Boda de EPN y Angélica Rivera
Boda de EPN y Angélica Rivera. Foto: animalpolitico.com

Los últimos años de su gobierno en el Estado de México, fueron para el producto, los más placenteros, pocos lo enfrentaban, muchos lo alababan y era, prácticamente, otra estrella en el firmamento televisivo y mediático de México.

Su paso de la gobernatura a la candidatura, fue también un cuento de hadas. La inteligencia de aguzados hombres y mujeres alrededor de su figura, parecía conducirlo al Parnaso de la política mexicna.

La primera develación de su ¿autoengaño?, fue en la Feria Internacional del Libro del Guadalajara.

 

Aquí dejó en claro que era un producto sin ideas, sin lecturas que le nutrieran algo más que el rostro, pero todavía podía exhibir su “guapura” y retratarse con mujeres ansiosas de verse al lado de un candidato con el rostro “perfecto”.

Poses estudiadas hasta el cansancio, caras de circunstancia, risa y seriedad a modo, salto a las multitudes para saludar a las huestes domadas del partido, dispuestas a la ignominia con tal de recibir 500 pesos o menos.

También la Universidad Iberoamericana, le recordó que no bastaba ser el producto que vendía la televisora y varios medios impresos.

Primero fueron los gritos en el auditorio

 

y más tarde la huída a los baños.

 

Después de este desaguisado, los inteligentísimos asesores, decidieron minimizar el contacto del producto con el aire libre. Se dieron cuenta que estaba formulado sólo para condiciones ideales.

El producto Enrique Peña Nieto, también lo creyó conveniente e incluso comenzaron a limitar a “la prensa”, para que no hubiera momentos dañinos para el producto y que pudieran contribuir a su pronta caducidad.

Para diciembre del 2012, en la toma de protesta como Presidente de México, el primer producto de marketing (casi puro) que llegaba a ese puesto; los extraordinarios e inteligentísimos asesores, cerraron el ambiente. Lo esterilizaron. Tenía que tener las condiciones ideales donde se había fabricado el producto, para no perder eficacia. Necesitaban impedir a toda costa, que el producto mantuviera su envoltura para que no caducara antes de seis años.

Pagaron como siempre, los que se atrevieron a protestar por la llegada del producto a la Presidencia de la República.

Y aunque los infalibles asesores, lograron su cometido y en la televisión, en los diarios prepagados, todo transcurrió como miel sobre ojuelas, muchos, muchísimos ya sabíamos la amarga realidad: el producto venía defectuoso desde su concepción y no faltaron las voces discordantes, aunque hubo quienes apoyaron en un inicio.

Enrique Peña Nieto en la portada del Times
Enrique Peña Nieto en la portada del Times. Foto: time.com

Pero el producto que con tanto cuidado se había fabricado en Atlacomulco, Toluca y las instalaciones de Televisa, era más suceptible de la depreciación que un auto de agencia. Para el segundo año de “su” gobierno, comenzaron los cuestionamientos severos desde muchos lados. Las reformas estructurales, demostraron hacie el tercer año, no convencían.

El cuarto año, la economía y las reformas eran un desastre y la seguridad, una burla completa para todos los que transitan sin escolta por los caminos de México.

Ahora, en el quinto año (no hay quinto malo y parece que a Peña Nieto no termina de lloverle en su milp), la inseguridad ha desbordado todas las previsiones. Los escándalos de corrupción no alcanzan a cubrirse con el benigno manto de los medios de comunicación apegados al Gobierno.

Duartes, petróleo, desaparecidos, secuestros, gastos fastuosos, socavones, muertos y pobreza rampante. EPN se da cuenta, de la manera más terrible, que en México le podrá funcionar (a medias), pero fuera de nuestras fronteras, no basta ser guapo.

EPN, abismalmente solo, en la cumbre del G20
EPN, abismalmente solo, en la cumbre del G20

No basta ser guapo cuando el el Presidente de EUA actúa indolente cuando “habla” contigo.

No basta ser guapo cuando escuachas que tu país pagara el muro de la indignidad y no atinas una respuesta a la altura de las circunstancias.

No basta ser guapo cuando estás entre los líderes de las 20 economías más fuertes del planeta ynadie te volte a ver y menos a hablar contigo.

No basta ser guapo cuando tu esposa se va de shopping y te deja colgado en la foto protocolaria de parejas, solo, como “un gilipollas por El Rastro”.

No basta ser guapo, pues, para dirigir un país con más problemas que un matrimonio arreglado por tu gerente de merketing.

No basta, en fin, ser guapo, cuando se trata d demostrar inteligencia.

Pobre EPN, pero más pobres nosotros, atados a su incapcidad.

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