títere-titiritero

El simpático títere-titiritero que habita Los Pinos y atiende los despachos de la Presidencia de la República, dice que todo va bien. Sus corifeos le alaban; otros más nos dicen Legión de idiotas; con la esperanza de que alguien los escuche (y créanme, sí los escuchan) y haga eco de las barbaridades que suelen escribir, decir o hacer; otros declaran que hay un consenso mayoritario de agrado ante las grandes reformas que ha impulsado aunque un par de doctoras lo interpele y le niegue el saludo, algunos de sus títeres (o titiriteros, lo mismo da), se pasean impunes anunciando obras viales sobre los desastres viales y pagan vida a millón del águila tratando de acallar voces.

Amigo de sus amigos, el títere pinolero no corre a nadie y al parecer, no escucha a nadie. Supone o le hacen suponer que no pasa nada, que todo va bien y mejor. Aunque las grandes obras de su sexenio sean semilleros de cadáveres, el secretarito Esparza no será removido del cargo. Aunque la cifra de asesinados se rebase mes con mes, su secre de bucareli es el mejor posicionado para llegar a la candidatura del partido y como lo dijo el pobre Peña Nieto, el ante todo, es priista.

Y en todo el entramado y enmarañado ámbito gubernamental de la federación, nadie entiende que no entiende. Más preocupados en “acomodarse” para el 2018 y para que el chapoteo de los dos Duarte y el Borge no les salpique, también gastan fuerza en el asunto coahuilense y en ver quién resulta más ducho para descalificar a un López Obrador que ya les prometió amnistía y algún que otro cargo donde no hagan tanto escándalo. Total, siempre les quedará Toluca, Atlacomulco y anexas.

Con lo desmomoriados que son los mexicanos, han de pensar, los muertos y los desaparecidos sólo los tenemos que cargar unos meses más. Adiós secuestrados, adiós 43 de Ayotzi; adiós asesinados, parece escucharse desde Bucareli, ya nos encontraremos en las urnas julianas, y después nunca más.

Adiós mexicanos idiotas que discuten sobre GOT o sobre la selección de futbol. Adiós mexicanos enojados con el INE por sus tonterías y sesencantos.

Somos, ni quien lo dude, un pueblo olvidadizo y pusilánime.

Somos titiriteros de un títere que se ríe en nuestras narices.

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