Destapes y sueños guajiros

Dicen que el poder seduce. Y sí, seduce a propios y extraños. A punta de suspiros, se puede desear el poder a ese chico del barrio que de pronto llega al borde de un puesto de importancia. Se le sigue los pasos, se comenta en lo corrillos su temple y su bonanza, también sus caídas, pero esas a sotovoce.

A ese chico del barrio que llega alto, se le admira y funciona como espejo pero también como fachada de todo el barrio. Si él llega todos podemos llegar… ¡es más! Todos llegamos con él. Como con el equipo de fútbol que pagamos por ver, con el “chavo chicho” del barrio, ganamos cuando él gana y pierde solo, cuando cae. Así son la mayor parte de las almas humanas.

Pero mientras cae y sólo saben de peldaños subidos, los vítores cierran ojos y nublan el juicio. Y otra vez como en el fútbol, la culpa es del otro: del faulero, del álbitro, de la afición contraria.

Con Miguel Ángel Osorio Chong, sucede más o menos este tipo de comportamiento. Fue un buen gobernador (¿quién lo podría poner en duda?) y como todo gobernador, tuvo sus “asegunes”; sus claro-oscuros; sus altibajos en comportamientos y en manejo de crisis. Pero pocos se atreven a hablar mal de él en tiempo de su administración, al menos en el plano estatal.

Cuando fue nombrado Secretario de Gobernación, los amigos se le desbordaron de la agenda. En su tierra natal, los buenos recuerdos se le convirtieron en vítores a cada visita.

Hoy, que está entre los nominados a la candidatura presidencia de su partido, para la presidencia en 2018, le sobran los parabienes, las muestras de apoyo, las seguridades compartidas y los aduladores de cajón.

De nuevo, son pocos los que se atreven a decir algo que contravenga a las encuestas, a los buenos augurios de los profetas de siempre que buscarán un retazo de la amistad si llegara a abanderar al PRI y más aún si posara su ser en la silla frente al zócalo. Casi nadie que vea los puntos oscuros o los taches en su gestión como Secretario de Gobernación; nadie que enumere los “porqué no”. Sólo buenos deseos y parabienes. Muchos deseosos del “oportuno y necesario” destape.

Los sueños guajiros son siempre una manera de reafirmar el escaso orgullo y la menguante autoestima. En el caso de Osorio Chong, eso se da a escala masiva, con la sociedad hislguense. Ansiosa, dependiente y suspirante de los éxitos del Chico chicho de barrio chido.

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