AMLO o el cavernícola de avanzada

En estos día, un grupo nutrido de analistas y opinólogos (ayudados, claro, por las filtraciones y los arreglos mediáticos en lo oscurito) anda muy atareado con el cónclave priista que establecerá las luces necesarias para saber hacia dónde se dirige la mirada del gran elector de Los Pinos; otros, andan muy entretenidos con las andanzas de margaritas, rafaeles, ricardos y pobrecitos-manueles. Algunos más con Icaza hacen los momios y con un frente unido para sacar a los dinosáuricos personajes del nuevo-vijo PRI.

La diana está sobre la cara de AMLO (el Maduro mexicano, dicen convencidos algunos). El cavernícola avenido adalid de la democracia (así con bajas), goza de las preferencias de un electorado hastiado de los partidos políticos que no llenan expectativas. Partidos políticos encubridores de corruptos personajes como los duartes, los borges, salgados y demás calaña de rapiñeros políticos que van de gobernadores a simples policías de crucero.

Y es aAMLO no tiene un tacto político que incite la conjunción de voluntades; no a menos que quiera la voluntad de alguien en específico, valiéndole un simple cacahuate las consecuencias que a la larga pueda tener. Sin vinculación a las luchas sociales (aborto, violencia de género, desapariciones, transparencia, etc.) de la actualidad, AMLO transita entre el cinismo y la inocencia sospechosista.

De “piel sensible”, no resiste la mínima crítica (ni aún sus seguidores); “adopta” a sus antiguos enemigos bajo un perdón que no encuentra sustento ideológico y se inscribe siempre en el áura del pragmatismo más feroz y que tanto repele a los ciudadanos hastiados de componendas partidistas. Pragmático en nombre de una causa mayor, la salida más fácil es descalificar a los detractores y entonces brota en AMLO, el cavernícola priista del que nutrió su juventud y sus primeros años de lucha.

Es difícil sostener una probable defensa del político de Macuspana, ante lo ineficaz de su comunicación social y su pragmatismo para llegar al poder. En ello estriba que las descalificaciones corran a raudales ante artículos bien pensados y mejor articulados.

Parece huir cada vez que surge un obstáculo que pone en entredicho sus dichos y deja el desdoro de la lucha sucia a sus “estrategas” y defensores a ultranza.

Y esto deja un amargo sabor de boca, en conjunto, al percatarse la conciencia de que todo es más de lo mismo y no extrañaría que Antonio Solá llegara al equipo de campaña del virtual candidato de Morena, al lado de Alfonso Romo.

Y todos seguimos en la hoguera de las vanidades partidistas, en la inmundicia del marketing político, mientras el país se desgaja y se agrieta por los cuatro costados.

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