El incendiario y los demiurgos

Hacia principios de 2016, la derecha estadounidense vislumbró que Donald Trump podía ganar las elecciones, con su discurso incendiario —cual Hitler “democrático”— y, como en el concurso de las cururles y poder en casi todos los países democráticos, se vale de todo, creyeron que impulsando a un empresario instalado en la medianía de los millonarios y poderosos (nunca fue un referente para la verdadera élite económica de USA), se podría reconquistar la presidencia perdida ante Obama ocho años atrás, e izó la bandera republicana en unas elecciones donde los Clinton se posicionaban de nuevo como los favoritos.

Los demiurgos de la derecha gringa, creyeron que podrían ser un Hari Shaldon del siglo XXI, para preveer las consecuencias y las posibles salidas. Impulsaron no sólo al limitado Trump, sino a toda la turba que le sigue y creyó ciegamente en él (Steve Bannon incluido) . Obligaron a salir al “gringo profundo” de la cloaca más profunda de la regresión norteamericana y les colocaron en el pedestal del “mundo libre” que para ellos es Washintong D.C.

Pactaron con todo el que estuviera implicado. Dejaron crecer a un Bannon impulsivo y racisata como pocos; encaminaron a la turbamulta a corear las consignas del empresario inmobiliario y, ya fueran KKK o traficantes oscuros de whiskey, neonazis anclados en la raíz gringa y todo lo que oliera a lo que se conoce como populismo y que tan amargo resulta a las derechas cuando se trata de populismos que no le son afines o simpáticos. (Sí, lo sé; en todos lados se cuecen habas).

Los frentes abiertos por Trump, para el funcionamiento “normal” de USA, son tantos que hasta un conflicto nuclear se asoma hacie el oriente. Es decir que Trump no ha hecho más que complicar el comercio de USA (ahora más con la renogociación del TLCAN o NAFTA) y eso le duele más que nada a la derecha gringa. Que muera quien muera, mientras se bueno para “el negocio”, parece ser una de las máximas de la elite económica norteamericana.

El KKK ha regresado sin pudores. El WASP reina en la mentalidad de los “blancos” estodounidenses y los demás, mujeres y hombres de todo el orbe; países amigo y enemigos, miran asombrados un país que no sabe qué hacer con la crisis que ellos mismos impulsaron al dejar ganar a Trump.

Y si todo quedara en el ámbito estadounidense, si todo fuera un problema doméstico, pues, ni siquiera tendría sentido gastar tiempo en estas líneas.

El asunto pega por diferentes frentes a México. El más importante y doliente es aquel que involucra a todos los migrantes nacionales (con papeles y sin ellos), que ahora son el blanco de estos desgarbados “hijos de HItler”, matones simulados patriotas, defenido por la sombra de Bannon y la palabrería e imbecilidad de Trump.

En términos de política exterior, el asunto carece de aristas difíciles, visto el servilismo de enrique el mínimo, el aprendiz de demiurgo videgaray y toda la caterva a la que en mala hora la mayoría le dio el poder para gobernar a México.

Para Los Pinos y sus diversas sucursales, aptendices de los aprendices de demiurgo, el incendiario que habita la Casa Blanca es quien mandata, por medio de los corifeos émulos de Bannon y que poco saben o pueden hacer, para apagar las llamaradas llenas de estupidez y malicia de un mounstro que, cual Golem, se comienza a volver contra ellos.

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