Cuadro infame

Para cuando escribo estas líneas, la pintura que representa el rostro de Luis Videgaray Caso, develada la semana pasada en el Palacio Nacional, ya habrá encontrado su lugar y mis nietos y bisnietos, lo podrán ver ahí cuando yo no exista más en este planeta (tal vez deje alguna cláusula pidiendo que nunca vayan a ese palacio a ver esa pintura).

De la calidad artística, el amestro Otto Cázares se ha encargado con amplitud del asunto, en su cápsula “Cartógrafías” en radio UNAM, el 28 de agosto. No podría ser más atinado en su apreciación.

Yo quiero hablar sobre el símbolo que implica tener a Videgaray Caso en un lugar donde están todos los retratos de los Secretarios de Hacienda del país.

Es infame por lo que Videgaray significa en términos de agonía financiera, política y de futuro en un país que no termina de desangrarse. Egresado del ITAM (1995) y del MIT (1998), Videgaray es una de las vivas representaciones de esa pérdida de soberanía y vergüenza que hemos padecido los mexicanos, en nuestra clase gobernante.

Integrante del pri desde 1987 (con 19 años) en el Frente Juvenil Revolucionario (de funesta memoria), fue  asesor de Pedro Aspe Armella (SHCP) de 1992 a 1994 (para que lo recuerden mejor los que tienen más de 30 años, ASpe fue uno de los artífices de “quitarle” 3 ceros a la moneda mexicana, para convertir mil pesos en un peso);  Videgaray también fue asesor de un secretario de energía  de triste memoria (1996). Pasó por la “iniciativa privada” y llegó en 2005, a la titularidad de la Secretaría de Finanzas del Edomex, con enrique el mínimo, peña nieto.

La siguiente parte de la honorografía de Videgaray, ya la sabe la mayoría.

Y aquella parte humillante de ser el “anda ve y dile” de Trump y su yerno, es lo que más horror causa y lo que más humilla a México. Un hombre que antepone los intereses de un país extranjero a los intereses a su país.

Eso es lo que dice el cuadro infame que desde el 23 de agosto de 2017, cuelga orondo en el salón de los retratos de Palacio Nacional. Y nadie dice nada, con lo que se dice todo.

Cuadro infame, sin duda alguna.

 

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