Anclas transversales

La insignificancia, amigo mío, es la esencia de la existencia.
Está con nosotros en todas partes y en todo momento […]
Se necesita con frecuencia, mucho valor para reconocerla
y llamarla por su nombre.

Milán Kundera / La fiesta de la insignificancia

 

La fiesta de la insignificancia, es un guiño, por demás evidente desde la portada, al mundo surrealista que nos hemos esforzado en construir, como manda el canon surrealista, inconscientemente.

Después de tanto absurdo, de tanta violencia en todas sus formas y en todos sus matices; después del calentamiento global del que somos todos culpables; después de los cultos y las iglesias engendradoras de violencia, poder, dinero y abusos; del miedo sembrado doquier y a toda hora, este absurdo nos ha sobrepasado y al regreso, algunos llegan a la conclusión de la futilidad, de la insignificancia de la vida.

Tal vez en 1967, cuando escribió La Broma, Kundera ya intuía a la insignificancia como parte esencial de la existencia. Retrataba, tal vez, esa cara de la moneda donde la gravedad es vana y sinsentido.

Una escaramuza alegórica; una provocación tan inteligente que podemos caer en el crédito sin más; una perorata absurda sobre el poder omnívoro y omnipresente de todos los días. Esperpento a lo Valle-Inclán y chiste a lo Rius, a lo Magú.

Porque bien visto, la más reciente novela (2014) del escritor Checo que escribe en Francés y resuena en el mundo, es una viñeta gigantesca donde se orina encima de las damas más encumbradas de Francia; se regocija en los absurdos entresijos de los hombres más ridículos del mundo y se asiste a una fiesta tan vana como la existencia misma.

Y al mismo tiempo, Kundera deja siempre las anclas a las que ya nos tiene acostumbrados: sexo, maternidad alterada, crítica ácida al poder, burla a las falacias del pensamiento, iconos sensuales y sexuales de nuestro tiempo; anclas en fin que transversales, permiten que el instante permanezca.

Sociedades líquidas en las que la humanidad se deleita y se empobrece, sin perder nunca su grandeza. Y es aquí donde reside el encanto de Kundera, que entre broma y fiesta, nos desnuda en nuestros miedos y en esos amores ridículos escondidos como tesoros.

La fiesta de la insignificancia, un libro que se antoja clásico, con apenas 3 años de publicado.

Publicado originalmente en danyeltinajero.com

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