Facturas insolutas

Los muchos lagos secos, copados de concreto, cemento, acero, arena, piedras; muertas y muertos de centenas de años. La mucha mierda vertida; la mucha sangre derramada. El plomo, el carbón calcinado; la infinidad de plástico tragado por las bestias y que envuelve a los peces; los miles de animales sacrificados tan sólo por existir; el mucho concreto y más concreto; el ansia de poder; la desmesura del dinero, el afán de concentrar; el miedo a perder lo que no es propio.

Los millones de personas en el trajín tremebundo;  el estrés discontínuo-continuo de las calles; los millones de niños abandonados;  las miles de mujeres asesinadas; los millones de casos irresueltos; las denuncias inútiles y los inútiles gritos.

Esos puños que transmiten esperanza, hace 32 años sirvieron de muy poco, ahora lo sabemos porque seguimos siendo timados, seguimos permitiendo la corupción y el cinismo; el rebane y la ocurrencia como política pública y sólo en la desgracia atinamos a organizarnos.

Y nada ni nadie es culpable de la desgracia. Todos y todo es cupable de la tragedia. Los muertos quedarán como todos los muertos, sin sentido y acaso con lágrimas que secarán cuando se sequen los cuerpos que las vierten. Y quedarán los permisos para construcciones riesgosas y quedarán los permisos para erosionar el suelo y hacer del Valle de México, la cuenca y fábrica de contaminantes, generadora de desgracias futuras y miserias eternas.

Allá, lejos, se quedan Puebla, Morelos, Guerrero, Oaxaca y Chiapas con sus desgracias. Todos sufriremos a los PRI, PAN, PRD, Morena y demás hacedores de “política”. Y lo escribo en bajas y entre comillas, porque esos son pleitos de lavandería partidistas que nos salen caro. La política, la hacen aquellos que se organiza y rescatan y ayudan y apoyan.

Nos hemos dado un gobierno desgobernado, mentiroso y cínico. Hemos permitido el crecimiento de medios de comunicación cómplices y mendaces.

Nadie tiene la culpa. La tenemos todos.

Y ahí seguirán esas facturas insolutas, agazapadas, escondidas a plena vista, esperando la siguiente oportunidad para cobrarnos lo que hacemos, pero sobre todo, lo que dejamos de hacer.

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