Nos empeñamos en no tener remedio

Alberto Rodríguez, nos dice por acá, nos inquiere, pregunta, “¿El sismo fue el principio de nuestro fin?”. Comienza con Heráclitoy el río y termina con el cambio a fuerza a que nos empuja la dialéctica. La conclusión que nos da es desoladora: no tenemos salvación.

Y claro que a Alberto le imporatará un bledo el pensamiento o las reflexiones de este pobre escribidor, pero soy un irredento pesimista de la realidad social de nuestro país: llevamos cientos de años bajo el yugo, ora de una casta, ora de otra. Nuestras revoluciones no han buscado nunca (pareciera) construir un lugar donde vivir mejor, sino un lugar donde ganar lo que ganaba la casta anterior. Hemos cambiado de sátrapas cada 100 años, pero el pueblo bajo (más del 43.6% de la población según el CONEVAL) sigue en condiciones de pobreza atroz, de vergüenza, para todas y todos. Después hay un gran porcentaje en pobreza “media” y un pequeño porcentaje de personas arriba de la línea de pobreza y un pequeñísimo porcentaje de personas con ingresos por arriba de los 100 mil pesos al año. otros más que los ganan en un mes y así hasta llegar a quienes como enrique el gris y su esposa, pueden comprar mansones faraónicas.

Goberandores corruptos van y vienen; duartes, moreiras, borges, ha habido desde lejanos años (amén de asesinos como Díaz Ordaz) y los mexicanos apenas mentamos madres en el café, en la casa incluso en la calle, pero a la vuelta de la esquina, de alguna manera u otra, contribuimos a la corrupción o de plano, nos hacemos cómplices de ella. Algunos incluso, votan por esos partidos tan alejados de llos (todos).

Nos empeñamos en sufrir y plañer y condenar a nuestros hijos a condiciones de vida más desesperadas y frágiles. Nos empeñamos en no tener remedio.

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