¡¿Quién se puede llamar a engaño?!

Muchos coinciden, antes del 2012, México no se había dado un presidente más ignorante, más hueco, más inculto —rayano en estúpido—que José López Portillo. Pero nos hemos empeñado en darnos presidentes más propios para atender una miscelánea que para dirigir un país; y nos hemos superado hasta llegar a Fox, Calderón y acabar en 2012 con enrique el mínimo: un prodigio de ignorancia con el que coronamos nuestra carrera hacia el abismo. ¿Que muchos no votamos por él? Así es la democracia que nos hemos dado. ¿Que no ha cumplido sus promesas de campaña? No hemos sido capaces de organizarnos para mandarlo a la calle y luego a la cárcel. Gajes del neoliberalismo.

Por eso, cuando en un señor dice que México es el problema del TLCAN, —Justin Trudeau— y después nos enteramos que Trump dice que sería bueno un tratado con Canadá pero sin México, ¡¿Quién se puede llamar a engaño?!

Somos un país en medio de los desechos de otro país, que sigue sin chistar las disposiciones económicas de USA; que tiene a más de la mitad de su población debajo de la línea (aceptable) de pobreza y se asombra de la criminalidad como si fuera una condición “natural” en los pobres. Pero nos enorgullecemos de que nuestra juventud sepa inglés y sean analfabetas funcionales en español y materias fundamentales para el desarrollo científico de México, conformándonos con la idea de que la tecnología nos la traen los gringos y no nos damos cuenta de que justo ese es uno de nuestros problemas nodales.

Despotricamos contra las universidades públicas y aplaudimos al ITAM o al Tec de Monterrey y seguimos apoyando al gobierno cuando bajan presupuestos a investigación (que se hace principalmente en universidades públicas). Y la ecuación es simple: si la “clase” empresarial se dedica a comerciar con la tecnología extranjera y no invierte en desarrollar tecnología propia, pagando salarios de vergüenza, nunca van a ser tan poderosos como los empresarios norteamericanos que están dispuestos a pagar por el conocimiento de sus empleados.

Y por supuesto, enrique el gris tampoco puede pensar sobre estos temas, porque no le preocupa ni le apura el desarrollo de México, sino amasar dindero y junto a él, sus patrocinadores y amigos…

 

¡¿Quién se puede llamar a engaño?!

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