El buscador del Grial | Blade Runner 2049

Si Ridley Scott logró encontrar la belleza y la poética de la distopía planteada por Philp K. Dick, Denis Villeneuve intenta hacer “aparecer” el arte en el decorado minusioso.

Villeneuve parece fracasar en esta secuela inventada spbre los personajes de Dick. Dejó de lado ese mundo caótico de Scott y buscó darle una “continuidad lógica” a la historia de Deckard, pero careció de la genialidad de un Moebius (Jean Giraud) y la sensibilidad de un Vangelis.

Tal vez si Villeneuve hubiera atrevido un película fuera de la esfera de Blade Runner, podríamos hablar de un hito, pero en paralelo a la explosión del llamado cíberpunk, queda lejos.

Su fotografía, preciosista, sus asombrosos efectos especiales, quedan a deber en el momento de interpretarlos en conjunto con un guión rebuscado pero carente de la endiablada complejidad y a la vez, sencillez del primer Blade Runner.

Entre un acartonado Ryan Gosling y un Jared Letto que no deja de interpretarse a sí mismo, la película transcurre lejos del frenesí existencial de Blade Runner de Scott y se centra en una constreñida historia que nos engaña de principio a fin, sin concluirla y “prometiendo” otra secuela sin trama.

Tal vez el registro emocional de Sean Young y su belleza, tengan más qué ver con Ana de Armas que el carácacter de Ford y Glosing quien nos ofrece poco más que esa belleza  que exhibe en todas sus actuacioness (casi tan soso como Letto).

Fuera de los ambientes de decadencia tecnológica, la mugre y la manipulación genética a mansalva, el aislamiento de la masa y el imperio sin freno de los mass-media el  aire de distopía post-industrial, Blade Runner 2049 falla en transportarnos de nuevo ahí. Se extraña el universo creado por Scott.

Por eso es que tal vez sin la referencia a Blade Runner, la secuela 2049 podría ser una película disfrutable y menos soporífera.

En esta secuela los diálogos reflejan las limitaciones del guionista y la poca pericia del director para accionar los resortes emocionales de sus actores. No hay seres activos en encrucijadas existenciales, sino encrucijadas existenciales metidas a calzador en personajes que no alcanzan a llenar expectativas.

Treinta años después Ryan Gosling (K.) se nos presenta de nuevo como el buscador de un Grial que puede iluminar o aniquilar a la humanidad, pero sin la gracia de Indiana Jones.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *